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VAYA MOVIDA (desde dentro)

Cuando llega el fin de semana del estreno, la sensación con la que todos los miembros de TAC nos encontramos es agridulce. Más de siete meses de preparación para disfrutar y hacer disfrutar en cuatro únicas funciones. Es en ese momento cuando entiendes que, en algunas ocasiones, el viaje es, al menos, tan emocionante como llegar al destino.

Lo primero que quiero, es darte las gracias por "perder" tu tiempo en leer este artículo. Para mí es muy importante contarlo y me hace mucha ilusión que TÚ lo leas. Transmitirte un torrente de sentimientos que he vivido a lo largo de esta experiencia. Otro año más. Otro año nuevo. 

Lo primero en que me fijo al empezar es algo evidente: el grupo ha crecido. Más padres. Más alumnos. Más ilusión. Brazos abiertos. La gente que este año no puede seguir se despide con lágrimas en los ojos y con un hasta luego, conscientes de que volverán y de que esperamos que vuelvan. Lo deseamos. La gente nueva, que comienza este curso, entiende que ha entrado a formar parte de una familia. Con todo lo que eso conlleva.

La obra de este año es un misterio. Primera vez que nos enfrentamos a un guión original. Canciones de los 80. Texto de los 80. Algunos miembros del grupo, los más jóvenes, alucinan pepinillos con las expresiones que se utilizaban en aquellos años. Sin embargo, poco a poco las irán haciendo suyas e incorporando a su vocabulario habitual, y nos trasmitirán las caras de asombro que eso despierta entre sus compañeros de clase. Lo mismo pasa con las canciones. Para unos recuerdos de juventud, y para otros melodías obligadas de viajes a la playa o al pueblo, cuando papá o mamá deciden qué se escucha en el coche. Al final las cantamos todos con la misma voz. Ya forman parte de nuestra vida. De la de todos.

Decenas de ensayos, de risas, desayunos chocolatados, de coreografías, sábados de colegio, de sala común de vecinos, de canciones y cambios de tono, de abrazos al llegar y al despedirnos, de llegar a casa y repasar los vídeos que han mandado al grupo de Whatsapp, de más risas, de suspiros, de felicidad compartida.

Y de aplausos. Esa sensación es incomparable. El cariño con el que el público nos recibe año tras año es maravillosa. Infinitas gracias. Pone los pelos de punta. Oír cómo se ríen cuando lanzamos un chiste, o notar como se hace silencio e incluso se escapa alguna lágrima en los momentos dramáticos. Cómo nos hacen sentirnos queridos. Hay que vivirlo. 

Por eso escribo esto. Para contaros lo feliz que he sido. Y para deciros que el año que viene lo volveré a intentar.

Es un privilegio formar parte de la familia Asunción. Es un orgullo formar parte de la familia TAC.